Vamos a tirar una fotografía con el flash integrado de la cámara o con un flash de mano acoplado a la zapata y, extrañamente, a la luz del destello no le da por aparecer. Nada, el flash no funciona. Revisamos bien la zapata, miramos una y otra vez el menú del flash en la cámara y nos invade el agobio cuando nos es imposible cambiar el gris de «apagado». Lo mismo pasa con los disparadores para flashes remotos, no se llegan a activar en ningún momento.